Posteado por: RAMIREZ Figueroa, Juan Carlos. | 26 Junio 2009

Banda de Turistas

Banda de Turistas
Turisteando en Santiago
26/6/2009

La banda más prometedora del rock argentino debutó en Santiago. Y nos regresaron a la época del lo-fi, la movida “sónica” y claro, las grandes melodías.

J.C. Ramírez Figueroa

869762Hacía frío afuera del Bar Constitución. Pero adentro sonaba The Kinks, quizá la banda más suvalorada de la historia. Grupo que se relaciona directo con Banda de Turistas. Sobre todo por el ritmo marchoso y la búsqueda de melodías bellas pero no demasiado obvias.

Los argentinos, a diferencia de los muchachos de Ray Davies, ya son lo suficientemente valorados: elegidos por Jarvis Cocker para telonearlo el 2006, sin tener ningún elepé editado, sólo escuchándolos por myspace. Aunque a ellos no les importó demasiado: prefirieron pensar que fue su manager. Después vinieron los elogios de Dárgelos (el cantante de Babasónicos), la revista “Rolling Stone”, el gran programa radial “Pinkmoon” o medios más generalistas como “Página/12″, que los declaran banda revelación 2008.

Con estas referencias se subieron al escenario capitalino para presentar su disco Mágico corazón radiofónico (2008). En cerca de una hora demostraron que tienen futuro más allá del molesto hype porteño. Primero, la facilidad para el estribillo. “La máquina favorita”, por ejemplo, suena como lo que quiere lograr Babasónicos, si estuviese presionado de gustarle a todo el mundo. También, su manejo del ruidismo y las atmósferas. Cuando quieren se meten a explorar acoples, ambientes y efectos de teclados, en especial hacia el final, donde, tras superar algunos problemas de sonido, se lanzaron en una interesante improvisación no-virtuosa. Por algo dicen que también están influidos por el viejo krautrock alemán.

Pero sobre todo es notable la forma en que “procesan” el rock y pop inglés. Mientras Los Bunkers, con el mismo material, siguen estancados en la canción melodramática, Banda de Turistas pasan de los sesentas al britpop, del rescate del shoegaze y la psicodelia tardía al nuevo indie argentino y del ritmo marchoso (“Las flores del mal”) a las canciones de estribillos generosos (“Todo mío el otoño”). Recién pasando la veintena, este grupo demostró por qué es la banda más prometedora del rock argentino. Y cómo fueron capaz de tapar a guitarrazo limpio a los aburridos de siempre que intentaban tomarse un trago en lugar de disfrutar la música. ¿No era eso el rock?

www.myspace.com/bandadeturistas

Posteado por: RAMIREZ Figueroa, Juan Carlos. | 27 Marzo 2009

Bruce Springsteen

Bruce Springsteen
Working on a Dream

http://www.lamusica.emol.com/detalle/index.asp?idnoticia=350584En una escena de la película “Reing over me” (2007), Charlie Finemann (Adam Sandler) se sienta a tocar en batería encima del vinilo The river (1980) de Bruce Springteen. El personaje interpretado por Sandler había perdido a toda su familia en el 11/9 y la música de The Boss era su única conexión con el pasado. Los discos de Springsteen han pegado fuerte en el imaginario colectivo estadounidense. Sin embargo en el mundo latinoamericano, a excepción de España, “El Jefe” todavía es visto como un songwriter republicano (después de todo aun no se le perdona “Born in the U.S.A.”, convertido en himno de la presidencia de Ronald Reagan”). En su país, en cambio, es el único “nuevo Bob Dylan” que se zafó de la etiqueta para correr solo.

Pero Working on a dream es una gran oportunidad para acercarse al mejor Bruce Springsteen. Desde la curiosa “Outlaw Pete”, denunciada como plagio al “I was made for lovin’ you” (las líneas vocales son iguales), es imposible detener este disco en el reproductor. “My lucky day” suena como esos clásicos de los ‘70, con su voz con reverberancia rockabilly, un solo de saxofón y el ritmo casi postpunk. “Working on a dream” y “Queen of the supermarket” son lecciones de elegancia y economía de recursos para la generación alt-country liderada por el gran Ryan Adams.

Springsteen se pasea con maestría por el rock y la raíz americana, demostrando que es el eslabón entre Dylan y el sonido college de Replacements y de R.E.M. “Life itself” podría haber sido compuesta por Michael Stipe. En tiempos en que la calidad de las canciones hacen pensar que el mejor soporte es el EP de cuatro o cinco canciones, Worning on a dream es un ejemplo de clasicismo: “Surprise, surprise”, “The last carnival” y el bonus “The wrestler” son casi perfectas. Hay que aceptar que a veces un estadounidense sabe más de tu vida, que cualquier banda que canta en tu idioma natal.

—JC Ramírez Figueroa

www.brucespringsteen.net

Posteado por: RAMIREZ Figueroa, Juan Carlos. | 20 Marzo 2009

The Kinks

The Kinks
Picture book

http://www.lamusica.emol.com/detalle/index.asp?idnoticia=349888“The Kinks: ¿Mejores que los Beatles, los Stones y The Who?”. La interrogante fue lanzada por la revista británica Uncut el 2004, a propósito de la reedición de The village green preservation society (1968). Aunque el veredicto fue un empate con los Beatles, hay razones para sostener que en la historia del pop-rock no hay banda más subvalorada que los Kinks.

A diferencia de Velvet Underground, que a los pocos años de su disolución ya eran celebrados como héroes del art-rock, The Kinks, en cambio, aún hoy son reducidos como los excéntricos ingleses de “You really got me”. Ni la devoción de la generación britpop (especialmente Oasis, Blur y Pulp) o los robos disfrazados de homenaje de Green Day (compare usted “Warning” con “Picture book” de los Kinks) han podido revertir es percepción hacia The Kinks. Así, los seis volúmenes de este Picture book vendrían a ser el exhaustivo intento por poner las cosas en su lugar.

Disco 1: Del garage a la canción perfecta

No es casual que esta antología abra con “You really got me” (1964). Con apenas este single, los Kinks pusieron a prueba todas las convenciones de sus contemporáneos. Partiendo por los Beatles, inmersos aun en el rock and roll de los ‘50 y el pop alegre del sello Tamla/Motown. Continuando luego con los Rolling Stones, que seguían practicando conservadoras versiones del R&B americano. Y finalmente, The Who, que fueron “aconsejados” por su cuestionado manager Shel Talmy -que también trabajaba con los Kinks- a escribir canciones como “You really got me”. Por cierto, aprovecharon de superar en potencia y agresión incluso al garage rock nortemericano de los Sonics y The Kingsmen, cuya versión de “Louie louie” (1963) ciertamente inspiró esta canción.

Pero el itinerario de The Kinks también incluye detenciones en el mersey beat (“I’m a hog for you baby” o “I believed you”, guiño a Lennon incluído), el rhythm and blues (“Everybody’s gonna be happy”, “Time will tell”) y el blues eléctrico (“I need you”, “Milk cow blues”). Paradas que si bien comparten con el resto de la “invasión británica”, en The Kinks terminarían armando al grupo de recursos para avanzar hacia nuevas formas de hacer canciones.

Así llegamos a su avanzada lectura del folk con “This I know”, los arpegios electrificados de “See my friends”, las resoluciones melódicas de “A little bit of sunlight” o “I’m on the island”, la fotografía de época en “This strange effect” o la increíble “I go to sleep”. La pieza que parecía anunciar el advenimiento de la new wave se sostiene en un staccato de piano y una progresión armónica estremecedora. De hecho, The Pretenders la versionó en The Pretenders II (1980), al igual que “Stop your sobbing”. No deja de ser curioso que su líder, Chrissie Hynde, terminara casada con Ray Davies, en uno de las grandes relaciones tortuosas del rock.

Discos 2 y 3: Nostalgia y pop victoriano

Un segundo hito de los Kinks: la maestría literaria de Ray Davies. Mientras avanzan las canciones podemos apreciar como va elevándose del estandar romántico/existencial de Lennon y McCartney, de Jagger o de Townshend (The Who). Apenas unos meses desde “You really got me”, The Kinks empezaban a hablar de Inglaterra y de sus habitantes. “A well respected man” (1965) es un hombrecito gris que se levanta a hora, que respeta a su jefe y no se despega de su madre. “Dedicated follower of fashion” (1966) ironiza sobre los moda (¿y los “mods”?) y la contradicción de individualizarse vistiéndose como todos. Pero la clave está en “I not like everybody else” (1966), un amargo y temprano manifiesto de Davies sobre sus ganas de separarse del colectivo y mirar la fiesta desde lejos.

Y estos deseos efectivamente se reflejaron en canciones como la grandiosa “Waterloo sunset” (1967) o “Village green” (1968) donde se narra el regreso desde la ciudad al campo y comprobar con horror que “los recuerdos están llenos de turistas estadounidenses”. Tampoco hay que olvidar “Lola” (1970), una delirante historia sobre un tipo que conoce a una mujer que “abrazaba demasiado fuerte para serlo”.

Discos 4, 5 y 6: De vuelta a la raíz americana

El último hito en The Kinks es el que se contiene entre el cuarto y sexto volumen de esta colección. Su vuelta a las raíces estadounidenses y su giro hacia el rock de arenas, o sea de estadios bajo techo. “¿Era necesario sonar como Dire Straits?”, se preguntaba un crítico del Observer inglés. Sin embargo esta última evolución es perfectamente defendible, considerando que The Kinks corrió siempre solo. “Celuloid heroes”, “Misfits”, “State of confution” y, sobretodo, “Rock and roll fantasy”, son extraordinarios estudios sobre la “americanización” de la cultura y el fin de la inocencia.

Es esta mirada entre nostálgica y amarga de Ray Davies y su sincero acercamiento a la raíz estadounidense lo que redime el último capítulo de esta antología. Como si The Kinks, actualmente desactivados, fuesen al rock lo que Clint Eastwood al cine: activistas de los tiempos perdidos, pero que no por eso renuncian a la dureza. Porque desde los ‘60 que la banda insiste en riffs, letras y estribillos acerca de que éste no es un mundo hecho para los viejos.

—JC Ramírez Figueroa

Posteado por: RAMIREZ Figueroa, Juan Carlos. | 8 Marzo 2009

Christina Rosevinge

Por J. C. Ramírez Figueroa / La Nación Domingo

Christina sale de los subterráneos

Lee sus labios

Algunos la recuerdan por hits como Dile a papá o Mil pedazos. Otros, mejor informados, la perdieron de vista tras su exilio neoyorkino y sus colaboraciones con Sonic Youth. Pero tranquilos, que la songwriter más inspirada de España está de vuelta con “Tu labio superior” y le dice a LCD: “¡Demonios! ¿ es que nadie me va a organizar una gira a Chile?”.

http://www.lnd.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20090307/pags/20090307165029.htmlLa última vez que vimos a Christina Rosevinge fue abriendo la Teletón ’94. Después que Don Francisco exigiera “romper el chanchito”, subió al escenario junto a Los Subterráneos, su banda. El público, al parecer, estaba más interesado en Myriam Hernández o Los Temerarios, las otras estrellas de la noche. Ese día estrenaron “Pálido”, primer single del entonces flamante disco “Mi pequeño animal”.

Apenas diez meses antes habían ganado una antorcha de plata en el Festival de Viña. Era la cosecha del álbum “Que me parta un rayo” (1992). Un éxito continental gracias a hits como “Mil pedazos”, “Tú por mí”, “Voy en un coche” o “Señorita”, escrita por el escritor Ray Loriga, su pareja de entonces.

Los que siguieron su actuación en la Teletón comprobaron cómo a Christina se le afilaron los colmillos y las guitarras entre ambas visitas. Sí, porque aunque “Pálido” sonara a The Pretenders y sus textos tributaran a Lou Reed, estaba cantada como sólo Christina podía hacerlo: casi susurrando. O más bien, camuflando el miedo al amanecer de sus maltratados personajes en versos como “Todos tus sueños locos, esta ciudad se los tragó”.

“¡Claro que tengo recuerdos! Muy buenos, además”, dice en exclusiva a LND desde España. “Precisamente una de las cosas que tenía en mente cuando hice este disco es que me abría el camino de vuelta a Chile. Me quedé con ganas de ir de gira allá, tocar en muchos sitios y verle la cara a la gente. Espero que ahora se pueda hacer”, dice refiriéndose a “Tu labio superior” (2008, Wea España), su nuevo disco donde retorna de Nueva York a Madrid y también a nuestro idioma.

NO COMETIÓ UN ERROR

La historia de Christina Rosevinge es la de una mujer que pasó del pop comercial a la canción de autor, sin sentirse obligada a justificarlo. A mediados de los ochenta se integró a la “movida” madrileña junto con Ella y los Neumáticos y el dúo electropop Alex y Christina. Su canción “¡Chas! y aparezco a tu lado” (1987) es todo un clásico. Incluso un sello peruano editó el 2007 un disco tributo llamado “Christina no cometió ningún error”, donde bandas indiepop versionaban un puñado de éxitos de esta etapa.

“Alex y Christina tuvo mucho éxito aquí. La gente lo tiene presente. No me importa en absoluto revolver en el pasado mientras se me permita tener un presente. Creo que lo que estoy haciendo ahora es consecuencia de lo aprendido. Sinceramente me siento aún en mitad del ascenso, cada vez lo hago mejor y me lo paso mejor”, explica. Tras disolver Los Subterráneos, se hace amiga de Lee Ranaldo, guitarrista de Sonic Youth, en un encuentro de rock y poesía en Holanda. Éste le produce “Cerrado” (1997) un debut solista y despojado que fue incomprendido por sus antiguos fans. Luego decide instalarse en Nueva York (“Un baño de humildad que al mismo tiempo me dio seguridad y valentía”, dice). Entre el 2001 y 2006 grabó tres discos de rock autoral, en inglés, y con buena crítica incluso en la complicada prensa estadounidense. “He conocido y he tocado con mucha gente que tiene mucho talento, pero no son conocidos. Ahora estoy verdaderamente en paz con mi profesión. Sé que no me quedaba más remedio que hacer esto, no habría sido feliz con nada más. He tenido mucha suerte y lo aprecio”.

LABIOS MAYORES

A fines de 2006, LCD presentaba a Nacho Vegas como el futuro de la canción española. En esa entrevista dijo, entre muchas otras cosas, que el rock es excitante por su urgencia. “La poesía es más sintética. El peligro es que puedes escuchar música lavándote los dientes, adoptando un papel pasivo, mientras que un libro siempre es activo. Los discos que más disfrutas también son activos”.

Esta política cancionera no sólo le acarreó la bendición de Joaquín Sabina y la revista “Rockdelux” al mismo tiempo, sino que terminó llamando la atención de Christina. Ella regresaba de España, se juntaron y terminaron grabando el EP “Verano fatal” (2007). Después jugaron un poco con la prensa farandulera, se fueron de gira y podemos escuchar al cantante en los coros de “La distancia adecuada”, excelente apertura de “Tu labio superior”.

“Es posible que volvamos a escribir juntos”, dice Christina. Y sobre lo autobiográfico de las letras, pensando en quienes especulan en internet sobre los dardos que supuestamente le lanzaba a su ex, explica: “Aunque utilice la primera persona, y muchas veces mis propias tripas para crear historias que contengan verdades, nunca pierdo de vista el poder de la música pop. Cuando hablo de mí, hablo de todos, porque todos pasamos por lo mismo en algún momento. En realidad yo no importo. Sólo soy una antena. Intento comprender y ponerles palabras a los sentimientos más comunes”.

El disco, en verdad condensa a todas las Christinas y eleva su apuesta como compositora: desde los estribillos pop de “La distancia adecuada” hasta la canción de autor de “Las horas”, pasando por el rock de carreteras de “Tres minutos” o el noise de “Por la noche”. “Incluso me he permitido dejar fuera algunas canciones para un EP que se llama “Tu labio inferior”. Y todavía hay más en el tintero. Estoy en un momento muy fértil y voy a dar guerra un buen rato”.

Ahora está de gira por España, disfrutando sobre todo encerrarse a escribir canciones sin pensar en otra cosa. Dice que de todo ese trabajo, sólo “sobrevive una parte pequeña” y que está en sus discos. Y, mientras enumera sus planes para el 2009 tocar, escribir, viajar, pasarlo bien dice “¡Demonios!, ¡¿Es que nadie me va a organizar esa gira en Chile?!”. LCD

Posteado por: RAMIREZ Figueroa, Juan Carlos. | 6 Marzo 2009

Keane

Keane

A Keane le interese

6/3/2009

Con el Movistar Arena a tres cuartos de su capacidad, los ingleses desmintieron eso de que son una banda melodramática. Más bien, demostraron que son capaces de conseguir algo emocional a escala humana. Justo lo que U2 o Coldplay ya no logran hacer.

JC. Ramírez Figueroa

File_20093611597-No somos unos blanditos-, declaraba Keane textual a la prensa inglesa, hace unos meses, mientras promocionaban su flamante Perfect simmetry. Incluso se habían arriesgado lanzando como single, la ochentrónica “Spiralling”. La canción, que recordaba el pop de sintetizadores más comercial de los ‘80 (Duran Duran, The Power Station) parecía una toma de posesión ante la fiebre post-punk y electro que azota al pop inglés. Y viéndolos tocar en el Arena Movistar, con la excelente voz de Tom Chaplin, el característico staccato del piano de Timothy James Rice-Oxley (principal compositor), sobretodo, la intensidad de sus canciones, queda clarísimo que Keane no son los Coldplay en miniatura que nos quieren hacer creer.

Porque sería fácil desacreditar los recursos de Keane. Después de todo es piano rock, con canciones de estructura clásica -sin el enfermizo cut & paste o guiños afrolatinos del pop, supuestamente, más aventajado- y enraizado con lo emocional más que con la angustia adolescente, que tan buenos dividendos da a los rockers verdaderamente duros.

Después de un respetado teloneo de Francisco González, cargado a las guitarras y elogiado por la misma banda, los ingleses abrieron con “The lovers are losing”. Esta canción, segundo single de Perfect simmetry, tales “Crystall ball” o “Is it any wonder” tienen toda la fuerza y escala humana perdida por U2 Y Coldplay, y que Travis intentó recuperar. Tres bandas que fracasan en lo que Keane vuelve totalmente explícito en “This is the last time”, “Somewhere only we knows” y la extraordinaria “Nothing in my way”. Una marca registrada, que sus detractores llamarán “fórmula”, y que es simplemente encontrarle un cuerpo melódico e instrumental a un estado de ánimo.

¿Suena complicado? Entonces, hay que remitirse al cierre del concierto. Sí, porque después de los bonitos motivos ochenteros en la pantalla (gráficas de Atari, por ejemplo) y de los sinceros saludos de Chaplin, que incluso tocó con chupalla (“¡No sabía que teníamos tantos fans en Chile!” o “Ésta es para ti”, decía con enternecedoras fallas en su traducción) vino el bis. Primero, “Under pressure” (Queen con David Bowie) y finalmente, la impresionante, “Bedshaped”.

Ahí está resumido todo el poderío de Keane, en esta segunda visita a Chile tras el Vive Latino 2007. Un piano en primer plano, una melodía tristísima (heredera del gran trabajo de The Hit Parade, notable influencia de Keane) y un Chaplin que le saca el brillo a la voz. Es imposible no involucrarse con la canción mientras desemboca en un monumental estribillo. Porque meter ruido o incitar al baile es mucho más fácil que emocionar. Esto último, no lo lograrían agrupaciones supuestamente “blandas” como insisten en categorizar a Keane.

Posteado por: RAMIREZ Figueroa, Juan Carlos. | 3 Febrero 2009

El Día Que Murió La Música

A 50 Años Del “Día Que Murió La Música”

Buddy_HollyUn accidente aéreo acabó con la primera generación del rock and roll. Un hecho que pasó a la posteridad en una canción que cantó hasta Madonna y que asegura que ni los Beatles han podido superar la efervescencia de “La Bamba”.

Por J.C. Ramírez Figueroa

En 1959, hacía rato que la palabra “rock and roll” significaba baile y frenesí juvenil. Música caliente para evadir la guerra fría y movilizar a la generación del babyboom, como se llamó al curioso aumento de embarazos apenas terminada la II Guerra Mundial. La versión pop -y algo domesticada- del rhythm and blues (R&B) que se filtraba por las radios negras y que estos muchachos, herederos del triunfo del “american dream”, hicieron suya. Hasta el 3 de febrero de ese año, cuando este grito sería silenciado. Literalmente.

Sí, porque esa madrugada fatal, sus últimos tres héroes -Buddy Holly, Ritchie Valens y J.P. “The Big Bopper” Richardson- cayeron en picada sobre los campos de Iowa, en plena gira. Apenas un año antes, Elvis se había enrolado en el ejército y Jerry Lee Lewis fue desacreditado mediáticamente por casarse con su prima de trece años. Little Richards se había reconvertido al cristianismo y dejó de tocar esta música “pagana”. Chuck Berry iría a la cárcel por contratar a una prostituta menor de edad en un club de su propiedad.

Así, la salvación del género viajaba en el mismo avión a la una de la mañana y mirando por la ventana como arreciaba ese tipo de temporales que sólo ocurren en la “América profunda”. El anteojudo Holly tenía 22 años y era todo un hit con “That`ll Be The Day” y “Peggy Sue”. Valens, cuyo verdadero nombre era Richard Valenzuela, era un chicano (descendiente de mexicanos) de apenas 17 años quien adaptó “La Bamba” al ritmo de rock and roll. En 1989 se estrenó una biopic con el mismo nombre de la canción. “Booper” era más experimentado (tenía 28) y era célebre por disjockear en la radio 122 horas seguidas y su éxito “Chantilly Lace”, que se puede rastrear en youtube.

Y de repente, el piloto les dijo lo que nadie quiere escuchar en un vuelo con turbulencias. Después del choque, el único sonido era la lluvia sobre el avión destrozado. Sería conocido como “El día que la música murió”.

“Espero que no te estrelles”

“Nunca podré olvidar el primer show que vi de Buddy Holly y su guitarra Telecaster. Además demostró que usar lentes estaba bien”, diría John Lennon. El mismo Elvis quedaría sorprendido por su talento y Bob Dylan intentaría imitarlo a fines de los cincuenta. Ritchie Valens, por su parte, terminaría inventando el “rock latino” e inspirando a otras bandas a adaptar canciones tradicionales al estilo del rock and roll. Y el delirante “Booper” era invitado a los shows televisivos para impostar voz de negro e imitar la conversación telefónica que era básicamente toda la letra de “Chantilly Lace”.

Por eso fueron contratados para la gira “Fiesta bailable invernal” que cubriría veinticuatro ciudades en tres semanas. El rock and roll era un estilo tan exitoso como las baladas de Frank Sinatra, pero había que cuidarlo debido a la deserción de tantos intérpretes, sobre todo la de Elvis. La poca experiencia en estos mega tours sumada al clima, empezó a desestabilizar el ambiente. Incluso el único baterista se enfermó y tuvo que se reemplazado por Holly y Valens.

El 2 de febrero, aprovechando que viajaban en bus y que tenían el día libre la caravana se detuvo en Clear Lake, Iowa y vendieron un show en la sala de baile “Surf”. A tal llegaba la desorganización que no tenían ropa limpia (estaba todo cerrado en el pueblo). Y para no enfermarse más, los músicos decidieron arrendar un avión que volara hasta Fargo (Dakota del Norte) para luego trasladarse a Moorhead (Minnesota) donde tenían el siguiente show. Se dice que Hollie bromeó con un músico que viajaría en bus: “espero que no choques”. Y el otro le dijo: “Y que tú no te estrelles”.

Mártires del rock and roll

En el aeropuerto vieron las luces de la avioneta desaparecer cinco minutos después de despegar a la una de la mañana. Intentaron comunicarse con el piloto pero no pasó nada. Lo cierto es que los motores no habían sido mantenidos (algo parecido a lo que ocurrió con el General Bernales). En la mañana se encontraron los restos del avión y sus cuatro pasajeros.

El informe médico, disponible en Internet, destaca la pérdida de tejido cerebral de Holly. Tiempo después habría una polémica debido a que se encontró un arma en la ropa del músico, lo que hizo suponer que quizá el accidente fue provocado. La policía desestimó la teoría. La suma de la impericia del piloto y las malas condiciones atmosféricas precipitarían el accidente.

Bye Bye Miss American Pie

Aparte de un capítulo entero de “Behind the music”, el homenaje definitivo a estos tres mártires del rock and roll, sería un hit de 1971 llamado “American Pie” e interpretado por Dan Mc Lean. Sus primeros versos dicen “Febrero me hizo tiritar / Con cada diario que se repartía / Malas noticias en la puerta de las casas / No podía ni moverme / No recuerdo si lloré / Al leer sobre la mujer que quedó viuda / Pero sé que algo me destrozó / El día que la música murió”.

Esta canción -reversionada por Madonna el 2000- comparaba, por ejemplo, el choque del avión con el asesinato de un fan negro en un recital de los Rolling Stones en el ‘69 y planteaba la tesis de que el “rock” rebelde y autoconsciente jamás tuvo la capacidad de levantarte de las sillas del viejo “rock and roll”. Incluso comparaba -sin citar sus nombres – a Holly, Valens y “Booper” como la santísima trinidad.

Y efectivamente, después del ’59, el rock and roll empezó a estancarse. Apareció el twist y los Crooners estaban en su mejor momento. La guitarra fue reemplazada por los saxofones y el delirio de los cantantes se civilizaría con los “teen idols”. Sólo el interés de Lennon y sus colegas al otro lado del océano haría al rock and roll reaparecer en Estados Unidos en 1964. Aunque la canción diga que nunca fue igual, que la alegría de “La Bamba” o “Words of Love” jamás pudo ser superada desde que “Las campanas de la iglesia callaban el día que esos tres hombres tomaron su último vuelo hacia la costa”.

Además, Mc Lean, haciéndose el Bob Dylan, jamás quiso profundizar sobre la canción y sus frases como “Cuando Lennon leía libros de Marx en el parque”. Sólo respondía cínicamente que el mayor significado de su tema, es que empezó a ganar mucho dinero. Y en verdad, con ese incentivo, jamás morirá la música.

Posteado por: RAMIREZ Figueroa, Juan Carlos. | 26 Enero 2009

Elton John

Elton John

Piano rock

26/1/2009

Fue una noche donde Elton John demostró que es el padre de todo el rock de pianos y que es bueno volver a los clásicos. James Blunt, por su parte, un influenciado indirecto del músico, corrió, saltó y dejó que las fans lo tocaran.

J.C. Ramírez Figueroa

File_2009126131541Hubo un momento, hacia el final del recital de Elton John, en que cierto público VIP comenzó a retirarse en bloque. Mientras él aporreaba su piano de cola (y una pantalla gigante registraba estas acrobacias en primer plano), una pareja se levantó y corrió hacia la salida. Bastó ese gesto para que, muy a la “chilena”, otras parejas se animaran a seguirlos. Por un segundo, el músico pareció percatarse que estaba perdiendo gente, pero no le importó mucho y siguió tocando.

Más respeto con Elton John. El mismo Charly García reconoció que gracias a sus primeros discos se animó a reemplazar la guitarrita por el piano en Sui Generis. John Lennon dijo a principios de los setenta que lo único verdaderamente nuevo que había escuchado era él. Y lo más importante y que debería destacarse en todos los documentales y escuelas de rock: en un mundo de “héroes de la guitarra”, Elton John –bajito, encerrado en su closet, inseguro– se atrevió a imponer las teclas.

Soldado Blunt

Pero vayamos primero a James Blunt, el telonero influenciado –indirectamente– por el piano rock de Elton John. Ante los gritos femeninos y los aplausos respetuosos de los machos que las acompañaban, Blunt –entre el piano y la guitarra acústica– desplegó sus sentimentales hits: “Goodbye my lover”, “High”, y “You’re beautiful”, obviamente.

El ex soldado realmente estaba emocionado cantándolas y hasta dejó a la banda tocando para saltar hacia la cancha y correr hasta el fondo del recinto mientras las fans –en éxtasis– se empujaban para tocarlo y comprobar si los músculos exhibidos en el video de “You’re beautiful” estaban aún en su lugar. La misma “salida de libreto” hizo en Buenos Aires dos días antes.

El problema con Blunt es que no se define. No es pop ni soul. Sus canciones son lamentos construidos para gustar, con estribillos y trucos efectivos pero no por eso profundos o capaces de anudar gargantas. Grita, golpea el piano, le pregunta al público si quieren “happy songs”, hay un órgano Hammond emulando a The Doors y hasta toma una guitarra eléctrica ultra distorsionada, pero sus letras de amor parecen estar escritas por un futbolista.

Sin embargo, es innegable que el muchacho sabe usar los trucos que conoce. Como en “Because I love you”, una marchosa pieza que suena tan bien como la muy Coldplay “Same mistake”. Quizá si escuchara menos al manager, si empieza a decirle al encargado de iluminación que apunte a su banda (casi nunca se vieron), si explorara verdaderamente la canción de autor, su talento podría desarrollarse. Pero, ¿qué se le puede sugerir a un multiventas que canta feliz “1973″ con su polera de la selección chilena con el sponsor de una compañía de celulares?

Sir Elton

Elton John apareció entre aplausos y una impresionante introducción en plan sinfónico. “Funeral for a friend / Love lies bleeding” se extenderían más allá de los siete minutos. Pura acrobacia instrumental y ya comenzaba a perfilarse el coprotagonismo de Davey Johnston, un guitarrista como los de antes: el pelo le volaba hacia atrás mientras hacía un solo con su guitarra de doble mango. No por nada también tocaba con Meat Loaf y Alice Cooper, auténticos monstruos de ese rock de estadios y long plays que ya no existe (afortunadamente, para los cínicos).

Parecía que el recital sería puro piano rock, tal como en los setenta. Sobretodo gracias a la pronta inclusión de “Tiny dancer”, ese himno a las groupies que todos cantaron en la película “Casi famosos”. Sin embargo, la organización de la banda impedía el necesario “aire” para que el piano liderara la canción. En verdad todo sonaba muy arriba, a diferencia de Blunt por esa maldita ley que hace que el telonero siempre suene más despacio.

Sin embargo Elton John optaría finalmente por sus clásicos más pausados como “Your song”, “Daniel”, “Candle in the wind”, “Sacrifice” (con guiño synth pop incluído) y “Believe”. De paso, sonreía, saludaba, se sentaba encima del piano, hacía como que saludaba a alguien del público (¿Blunt?) y aprovechaba de extender canciones como “Madman across the water”.

En el escenario, aparte de sus manos en el piano proyectadas por una pantalla gigante, atrás pasaban unos diseños que más parecían de Windows 98 que de un artista tan divo como Elton John. Por ejemplo cuando cantaba “The bitch is back”, aparecía la palabra “bitch” gigante y bailarina, y eso era todo.

Se dice que Elton John volvió a ser el mismo de los setenta gracias al disco Heartbreaker (2000) de Ryan Adams (el eterno nuevo Bob Dylan del country alternativo americano). Aparte que el disco tocaba la misma fibra afectiva de sus viejos discos, Elton no pudo soportar que se haya grabado en doce días. Él que había compuesto la misma “Your song” en cinco minutos, decidió llamarlo y tratar de volver a los viejos tiempos. Aunque su voz ya no llegara a los agudos, como antes.

Así, esta gira “Red piano” incluye piezas extraordinarias de los setenta como “Rocket man” o “Bennie and the jets” o “Goodbye yellow brick road” y que son al final las que hacen inexplicable que ese público que tan bien recibió a James Blunt comenzara a retirarse antes de tiempo.

Posteado por: RAMIREZ Figueroa, Juan Carlos. | 18 Enero 2009

Luis Almendra

Por J.C. Ramírez Figueroa / La Nación Domingo

El delirante planeta de Luis Almendra se acerca a Santiago
Amores perros


Es un “artista de acción” que ha convulsionado el sur de Chile. Primero se disfrazó de guardia para proteger su propia obra y más adelante trató de dormir y comer dentro de un Tagadá en movimiento. Ahora la saga continúa junto a los perros de Becerro, Eli Neira y una acción sorpresa. Ojo, con el arte.

v6n61wUn artista disfrazado de guardia de seguridad protege su propia exposición. Un travesti sana a un enfermo con la leche de sus pechos. Pacientes del psiquiátrico se disfrazan de superhéroes y marchan por el centro de Concepción desplegando una alfombra roja. Un pez gigante sobrevuela el río Biobío hasta hundirse en el mar. Un personaje intenta desafiar la fuerza de gravedad de la máquina más vomitiva del mundo: el Tagadá. Otro, arranca el corazón crudo de un vacuno y se lo come en un palacio patrimonial que pronto será demolido para construir el segundo mall de Concepción.

Son episodios documentados -y revividos vía YouTube- en el sorprendente blog de Luis Almendra (29). Un artista-de-acción criado a un costado del Estadio Higueras, en Talcahuano y en plena ebullición.

La próxima semana comenzará su desembarco en Santiago para producir junto a la artista Elizabeth Neira, la fotonovela “El Dios de los perros”. Ambos compartirán con los célebres perros embalsamados de Antonio Becerro. La obra, que incluirá una acción de arte sorpresa, será el quinto número de una novela gráfica iniciada por Almendra el 2005.

Aunque reniega del concepto performance (“se ha manoseado tanto que pierde su sentido al igual que la política”), dice, sus acciones artísticas son verdaderos “acontecimientos convulsivos”, como él mismo los llama. Pero lo más importante es que cada una de sus obras funcionan como acciones sueltas y dementes de una exploración mayor: el viaje al corazón de los monstruos y sueños incumplidos que mueven la maquinaria de la “chilenidad”. Bienvenidos al planeta Almendra.

AMOR DE POBRE

“Artista se pone en guardia para defender su creación”, titulaba el diario “Crónica” de Concepción (14-10-2003). En la foto aparecía el autor, uniformado, cuidando su exposición “Amor de pobre sólo puedo darte”, en la penquista Sala Andes. Fue su primera obra tras llegar de Ámsterdam. Había ganado una beca del Museo de Bellas Artes, gracias a la pintura-instalación “El bello durmiente”. Se trataba de un cuadro enmarcado en un catre de cama en donde se representaba a sí mismo durmiendo. Y bueno, masturbándose, tras una colorida frazada.

Los medios penquistas se sorprendieron con este guardia/artista. “Fue intuitivo. En la precaria sala de arte no había nadie cuidando y algunos empezaron a robarse cosas y objetos de la muestra. Así que decidí convertirme en el cuidador y a las vez cambiar mi personalidad por la de mi falso hermano gemelo. De hecho, durante el desarrollo de la acción di una entrevista en la radio como el guardia Alfonso Almendra, hermano gemelo del autor. El uniforme fue un préstamo de mi padre”.

Esa acción terminó abruptamente con una máquina retroexcavadora destruyendo la muestra y dando muerte al “gemelo”.

“Recuerdo que a un profesor de la U. de Conce le interesó mucho la situación ocurrida. Para él toda esta acción era una metáfora de lo que finalmente les ocurría a muchos artistas jóvenes en el país: terminas en la invisibilidad, con tu propuesta plástica destruida y olvidada en algún lugar”. Y fue tal el estímulo, que “Amor de pobre sólo puedo darte”, se convirtió en su primera novela gráfica. Una revista que iniciaría una impresionante saga protagonizada por el mismo autor y sus delirantes transformaciones.

ILUMINACIONES EN EL ESTADIO HIGUERAS

La Villa Presidente Ríos, nombre oficial de Las Higueras, es un oasis residencial cubierto por cerros entre Concepción y Talcahuano. Detrás, emerge un gigantesco parque industrial con sus chimeneas vomitando humo día y noche.

En los ochenta, Huachipato organizaba en su estadio un espectáculo navideño que incluía desfiles, cuentos y fuegos artificiales. Un milagro, entre las ollas comunes y la dictadura. El pequeño Almendra se impresionó mucho con el evento. “Para mí aquel espectáculo fue uno de mis primeros encuentros con el universo del arte de acción o perfomance. Algo insólito. Era como tener en el patio de tu casa a “La Fura Dels Baus” pero a la chilena y a la cresta del mundo. Hasta el día de hoy intento recuperar la intensa emoción que provocaba esa orgía de formas plagadas de barroquismo y extrañas imágenes. En parte la obra que realizo se remite bastante a todo ese imaginario”, dice. Por eso a su productora “en bancarrota” la bautizó como Huachistáculo, en honor al “maestro de ceremonias” que presentaba el show, quién tuvo un final trágico, según cuenta Luis: en su última aparición comenzó a incendiarse cayendo en medio de la cancha.

Para Almendra su taller es el espacio público, la calle es su centro de operaciones. Por tal motivo entre varias de sus acciones está haber dormido en los cementerios y techos de las casas en plena zona industrial. “En esa época yo era un mozuelo viviendo solo y pasando apreturas económicas. Dormía en una pieza chica, sin ventanas. Un día asqueado de ese cuarto decidí interferir mi vida cotidiana y me fui a dormir a la calle”. Así que se fue por un tiempo con cama y pijama, mientras las gaviotas formaban la letra “v” encima de él. Los que ven las fotos no pueden creer que el paisaje de tuberías y tumbas no haya sido photoshopeado.

“Para mí el sur de Chile, en general, es una especie de paraíso exuberante a la hora de llevar a cabo estas acciones de arte. Si trataras de ocupar una calle de Barcelona o Berlín la policía o guardia urbana te pondría obstáculos, sobre todo siendo ilegal; antes de realizar tu acción tendrías que dar explicaciones La gente también se acerca con otra disposición, incluso en Santiago. En cambio acá se puede inventar y hacer casi de todo Quemar una cama en la mitad de un puente por ejemplo. Hasta los travestis prefieren venir a Conce, donde pueden crear sus espacios y no hay ningún neonazi hueveándolos”, dice Almendra mientras toma una cerveza en un local de la Diagonal que conduce al hospital de Concepción.

FOTONOVELAS

El verano de 2004 Almendra volvió a aparecer en los medios penquistas. Su nueva acción consistía en paralizarse dentro de una nave de cartón cubierta de avisos económicos, en el centro de Concepción.

“La gente pensaba que yo era una estatua humana, pero la verdad es que yo permanecía inmóvil por más de seis horas dentro de esto que parecía un robot pobre o un espanta pájaros urbano. El episodio, por supuesto, era chiflado ya que las personas se sentían estafadas al ver que el armatoste no se movía, incluso en varias oportunidades trataron de botarme. Para mí era una forma personal o ingenua de protestar acerca del indecente sistema laboral para jóvenes chilenos”.

Pero lo más notable vino tiempo después, con la segunda parte de su fotonovela “biográfica” titulada “Una funeraria llamada Jesús de Nazareth”, donde el cuerpo del guardia/artista ahora se descompone al estilo película gore hasta cobrar nueva vida. En la tercera parte, “Quirófano” (2006), comienza la reconstrucción y en “Historia de un hombre que fue devorado por un pez”, comienza el conflicto con una criatura marina infernal.

EL DIOS DE LOS PERROS

A Becerro le impresionó el trabajo de Almendra y le propuso prestarle las instalaciones del centro de arte experimental La Perrera para continuar su alucinante fotonovela. Entre perros disecados, el protagonista de la obra, escapando del pez mutante, tiene entre otros, un encuentro con los canes, que, como ha dicho Becerro son el más fiel reflejo de la chilenidad: sin un pasado y expulsados a la carretera, viviendo de lo que encuentran cada día.

“No tengo claro aún lo que haremos en vivo. Tampoco quiero contar mucho. Lo importante es que trabajaremos una semana con los perros y habrá una performance sorpresa. Será violenta y explorará actos físicos que no son muy trabajados por los artistas de acá”, dice Almendra. Cuenta, además, que gracias a Elizabeth Neira, que se ha destacado por su exploración de los tabúes sexuales, podrá llevar su obra a otro nivel. “El Dios de los perros”, sería el quinto tomo de su fotonovela, que espera pronto editar en una versión de lujo.

“Tú me preguntas por el sentido de mi obra. Pero es una pregunta y respuesta compleja, porque hasta el momento y siendo franco no tengo claro quién soy, por lo mismo, no sé bien hasta dónde quiero o puedo llegar. Si puedo reconocer el interés de generar un “contra-universo”, o zona en el mundo en donde no existen las certezas de la vida capitalizada. Y para esto se me hace necesario vivir intensamente la vida subjetiva, destruyendo paulatinamente mi educación para reeducar mis sentidos. De todos modos no creas nada de lo que digo”, cierra Almendra, mientras sus amigos entran al local, lo saludan y se van.

Posteado por: RAMIREZ Figueroa, Juan Carlos. | 2 Enero 2009

Belle and Sebastian

Belle and Sebastian

The BBC sessions

File_20091216458Al parecer este 2009 será un “año con discos de Belle and Sebastian”. Una gran noticia, considerando su extraordinaria discografía, que actualiza el pop orquestado sesentero (chamber pop), la canción glam y el pop underground inglés de los ‘80. También, por provocar en el oyente la misma emoción que The Smiths. Lo dijo el escritor Rodrigo Fresán en un artículo de Página/12: “la banda de culto perfecta, la banda pop para gente que le gusta leer, la banda para enamorarte y para que te rompan el corazón, la banda que existe y suena nada más que para uno”. Así, esta compilación sirve para apreciar el poderío del Belle and Sebastian más allá del estudio y un momento cumbre. Además, claro, para dejarmos inquietos esperando su nuevo opus. Se dice que incluirá canciones del musical “God help the girl”, escrito por Stuart Murdoch, principal compositor de Belle and Sebastian. En el myspace del proyecto ya circulan dos nuevos -y excelentes- temas.

Pero volvamos a The BBC sessions. Dividido en dos discos, el primero reúne sus apariciones en los programas radiales “The Mark Radcliffe show” y las sesiones de Steve Lamacq y del recordado John Peel, entre 1996 y 2001. El segundo volumen registra un recital ofrecido en Belfast el 21 de diciembre de 2001. Para algunos, es su mejor etapa, gracias a Isobel Campbell, la cantante y chelista que ayudó a desarrollar su característico sonido “de cámara” y que se retiró el 2002 para explorar el jazz y el country-folk. Así, tenemos himnos como “The state I am in” abriendo el disco. La canción iniciaba también el Tigermilk (1996) el debut que fue financiado gracias a un curso para músicos cesantes donde la banda se conoció. O “Seymour Stein”, de su no tan valorado The boy with the arab strap (1998). Allí le cantan al dueño de Sire Records -y “descubridor” de Ramones y Talking Heads- que canceló un posible contrato cuando uno de los miembros de la banda no pudo llegar a la reunión, porque estaba trabajando en un restaurant. O “Wrong love”, primera versión del tema que en su video casero, mostraba a Stevie Jackson comprándose la misma bufanda del Blonde on blonde (Boy Dylan), para intentar encontrar novia.

Pero hay mucho más: los covers de “Waiting for a man” (Velvet Underground), “Here comes the sun” (Beatles), “The boys are back in town” (Thin Lizzy, con espectaculares guitarras gemelas). La petición de que los asistentes españoles hagan sonar las palmas en “Wandering alone”. O la parodia a los Pixies en “Shoot the sexual athlete” (original de Go Betweens). Pero sobre todo, esas canciones de estribillos perfectos, a veces con violines o sonido de clavecín barroco: “The magic of a kind word”, “The model” o “Lazy Jane”, despojada de los arreglos de la grabación final. Después, la banda comenzaría a asimilar -sin dejar su estilo- la lujuria funky, el soul o los riffs a lo T. Rex en sus últimos discos: Dear catastrophe waitress (2003) y The life pursuit (2006). Quizás ésa es la otra razón de ser de este compilado: capturar un momento preciso. Aunque, como siempre, el futuro es mejor. A esperar el nuevo disco, escuchando estas viejas sesiones.

—JC Ramírez Figueroa

www.belleandsebastian.com
www.myspace.com/pleasegodhelpthegirl

Posteado por: RAMIREZ Figueroa, Juan Carlos. | 15 Diciembre 2008

Bettie Page

Que te vaya bien, Bettie

Por J.C. Ramírez Figueroa.

bettipage02Antes de dejarse la chasquilla en “v”, Bettie Mae Page, era una típica señorita de Nashville con tanta fe en Dios como ganas de ser famosa. Después, sólo los Beatles pudieron hacerle la pelea en esto de convertir un corte de pelo en contracultura.

Sí, porque la Page encarnó las pulsiones eróticas de la generación de postguerra, la del miedo a la bomba nuclear. Y convirtió el erotismo en algo pop, alegre, irónico. Su intuitiva irreverencia frente al conservador desnudo puritano fue su marca de fábrica desde sus trabajos como pin up, hasta su coronación como conejita Playboy en marzo de 1955.

Por eso, en las célebres fotos sadomasoquistas de sus inicios aparece riéndose. Ella sabía lo ridículo que es estar vestida con un látigo y otra mujer entre las piernas. Estas sesiones se distribuían por correo privado a principio de los cincuenta, al mismo tiempo que modelaba en traje de baño para revistas más masivas. Lo que quería era celebrar el cuerpo. Jamás se desnudó completamente y muchas sesiones eran con ropa corriente.

“Creo que Dios me dio el talento de posar para fotografías y eso hace feliz a la gente. No puede ser algo malo, ¿verdad? Si a él le disgusta, me lo hará saber de alguna manera”, decía en la película The Notorious Bettie Page (2005).

La cinta resume un calvario parecido al de Marilyn Monroe: abusada por su padre y criada en un orfanato. Se casó a los veinte y se tituló de profesora de artes, tomando paralelamente cursos de actuación. Su marido se fue a la guerra y ella lo pasó mal. Se divorció a los veinticuatro y se marchó a Nueva York. Después fue descubierta por un policía aficionado a la fotografía y por los hermanitos Irving y Paula Klaw, que tenían un negocio sadomasoquista, vieron en ella el futuro del erotismo.

Antes, sus fotos sólo se veían a escondidas. Ahora sus retratos circulan libremente en internet, en sitios como Bettiepage.com o grrl.com. Y no sin razón. Para la generación punk de los setenta y, sobretodo, para la actual que posa en páginas de erotismo punk -como alt.porn y Suicide Girls-, Bettie Page es un ícono. Una mujer que difería totalmente de la rubia platinada o la morena complaciente. Aunque no sepan su nombre, todas están bajo la influencia Bettie Page: Uma Thurman usó el mismo peinado en Pulp Fiction de Tarantino. Natalia Oreiro la homenajeó tanto en la revista Rolling Stone como en el video de Tu Veneno, y así suma y sigue.

Pero la Page no estaba enterada de su revival, aunque a veces daba entrevistas y cobraba derechos de autor. A fines de los cincuenta, Bettie ya había desaparecido tras una polémica judicial por cargos de pornografía contra los Klaw. Dicen que se convirtió al cristianismo (lo que no sorprende porque siempre fue creyente), que se casó varias veces, que tuvo depresión, que fue detenida por atacar una casa, que viajó a Angola a misionar.

El pasado jueves, murió de un ataque al corazón en Los Angeles, mientras muchos pensaba que ya estaba muerta. Algo le pasó a fines de los cincuenta que jamás ha sido aclarado en sus biografías o películas, que hizo que dejara sus sueños cinematográficos y de modelaje. “Nunca entendí cómo alguien creyó que posar atada fuera algo sexy. No me parece”, dijo en algún momento. Tal vez encontró la escalera al cielo.

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